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Sanos y salvos

El pasado 20 de abril una tragedia sacudió a Coatzacoalcos cuando una explosión en el área industrial de Clorados 3 dentro del Complejo Petroquímico Pajaritos plantó el caos en toda la ciudad. Un escape de gases inició el desastre que terminó con cifras de decesos aún inciertas, familiares de obreros movilizados para encontrar a las decenas de desaparecidos y hasta la propia Greenpeace evaluando el nivel de desastre ecológico ocurrido tras la explosión.

En medio de ese caos se encontraban cinco compañeros que trabajan para una importante compañía industrial que tiene base en el complejo Pajaritos. José Alberto Jiménez Montalvo, Ignacio Irys Rosas, Rubén Martínez Heredia, Sara del Rocío Vázquez Arjona y Juan Manuel Zaleta Montiel compartieron sus reflexiones de ese trágico día con nosotros.

“Estamos muy agradecidos con Dios, con el cielo, con lo que cada quien crea, por el hecho de estar otro día más con vida y que este accidente no nos alcanzó a nosotros ni a familiares o amigos”, comentan como equipo. “No es lo mismo que te lo cuenten a estar cerca o en el propio lugar del siniestro”, agregan.

El compañerismo primó entre estos 5 compañeros, que cuentan que un miembro del equipo se paralizó de temor y entre todos lograron hacer que reaccionara para salir del sitio a la brevedad. La postal no es nada agradable. Imaginen personas corriendo de un lado para el otro sin saber qué hacer y de telón de fondo una nube de humo negro visible desde toda la ciudad y pueblos aledaños. El pánico fue algo de lo que difícilmente se podía escapar, pero el instinto más básico les apretujaba el corazón diciéndoles que tenían que salir de allí cuanto antes.

El azar también fue protagonista de esta historia. Si bien todos los días son llevados a trabajar, la persona encargada de hacerlo se presentó enfermo ese día y ellos se quedaron con la camioneta para poder trasladarse. Eso alivianó la situación y les brindó la oportunidad de salir presurosos del área del desastre. Otra hubiera sido la historia sin la camioneta ya que en los camiones de personal de la empresa estaban dejando subir primero a las mujeres y los hombres debieron salir caminando del área.  “Estamos muy agradecidos porque aunque ya no contamos con vehículo, precisamente ese día contamos con el medio para salir y todo obstáculo fue removido ya que literalmente pasamos entre autos y camiones, en medio de todo el alboroto de una manera tan fluida como si el camino estuviera despejado. Inclusive agradecemos el hecho de que estuvieran cobrando en la caseta de cobro de la carretera no representara más que un motivo de mera indignación”, explican.

“Esperamos que de este accidente se haya aprendido mucho para evitar que ocurra otro de igual, de menor o mayor magnitud, ya que la cultura de la seguridad que hemos aprendido es que todo se puede prevenir con la actitud y las herramientas correctas”, subrayan.

Conscientes de su suerte, el equipo desea dedicarle un espacio a la reflexión y la memoria de aquellos que no lograron escapar de la desgracia.  “Nos unimos a la pena que embarga a todos los compañeros trabajadores que sufrieron alguna pérdida y reiteramos nuestra gratitud y damos un abrazo de solidaridad a todo aquel que lea esto”, concluyen los compañeros, aún más unidos tras sortear con pensamiento rápido y unidad los trágicos sucesos.
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De izquierda a derecha: Rubén Martínez, José Alberto Jiménez y Juan Manuel Zaleta (faltan Sara e Ignacio)

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